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Hoy: 21 Nov 2017
Inicio Pastoral Kerigma

Kerigma

San Vicente de Paúl, el hombre del sentido crítico

alt“El sentido crítico es la actitud que nos mueve a buscar la verdad, cuestionar opiniones y situaciones viendo más allá de lo aparente y tomar decisiones fundamentadas y libres. Nos convierte en personas abiertas y trascendentes”.

                Si tuviésemos que poner cara a estas palabras que definen el sentido crítico, sin duda, nuestra mente se iría en primer lugar al rostro humano y divino de Jesús de Nazaret. Y a través de él a todos aquellas personas que le han tenido como modelo a lo largo de la historia. Jesús de Nazaret, tanto considerado como Dios o como hombre, vive en su vida y actitudes  esta búsqueda de la verdad por encima de todo, no se conforma con la verdad a medias o la verdad establecida, sino que todo su mensaje y persona están en función de la Verdad. Así, él mismo afirma: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6). No podemos encontrar en toda su existencia humana ni una sola ocasión en la que se ampare en una mentira que busque el bien, que no existen y son una forma de autoengañar nuestra propia conciencia; o en una llamada “media verdad”. Poco le importan las consecuencias de sus palabras y actos si con ellos lo que prevalece en la Verdad. Esto no es algo teórico, sino que en diversas ocasiones lo demuestra, hasta tal punto que esta defensa de la Verdad será uno de los motivos principales que le lleven a la cruz. Ante la pregunta de Pilato “y ¿qué es la verdad? (Jn 18, 38), el propio Jesús calla, porque sabe que la verdad referida por el prefecto romano no es la Verdad con mayúsculas, sino más bien una verdad que busca el convencionalismo social y el contentar a todo el mundo para evitar problemas y revueltas; por eso es capaz de entregar al reo a la muerte aun sabiendo de su inocencia. La búsqueda de la verdad va más allá de cualquier canon establecido por lo “social”.

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Canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II

alt    Homilia del Santo Padre Francisco durante la celebración de canonización:

   “En el centro de este domingo, con el que se termina la octava de pascua, y que San Juan Pablo II quiso dedicar a la Divina Misericordia, están las llagas gloriosas de Cristo resucitado.

Él ya las enseñó la primera vez que se apareció a los apóstoles la misma tarde del primer día de la semana, el día de la resurrección. Pero Tomás aquella tarde no estaba; y, cuando los demás le dijeron que habían visto al Señor, respondió que, mientras no viera y tocara aquellas llagas, no lo creería. Ocho días después, Jesús se apareció de nuevo en el cenáculo, en medio de los discípulos, y Tomás también estaba; se dirigió a él y lo invitó a tocar sus llagas. Y entonces, aquel hombre sincero, aquel hombre acostumbrado a comprobar personalmente las cosas, se arrodilló delante de Jesús y dijo: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20,28).

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La resurrección de Jesús: acontecimiento central de la vida cristiana

“Si decimos que Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe”

altLa resurrección de Cristo no es un invento de los apóstoles, pues nadie inventa una mentira para salir perjudicado sino para hacer negocio. Tampoco es fruto de la sugestión, pues ellos insisten en que estaban bien serenos todas las veces que vieron al Resucitado y que tocaron su cuerpo y hablaron con Él.

La resurrección es la clave de nuestra fe, pues demuestra que Dios está con Cristo, que su mensaje y su persona los respalda Él. Por tanto, se puede incluso afrontar la muerte porque se sabe que hay otra vida.

En el núcleo de la catequesis, oral o escrita, que hacen los apóstoles, a partir de Pentecostés, suele encontrarse un resumen de la vida de Jesucristo, desde su bautismo por Juan: se alude a su predicación, avalada por milagros, a su dominio sobre los demonios, y de manera particular a la pasión, muerte y resurrección, y al final se formula una invitación a la penitencia y al bautismo: "haced penitencia, y que cada uno de vosotros sea bautizado en el nombre de Jesucristo para la remisión de los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Act 2,38). 

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Día de la Encarnación: El Quinto Voto

“Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue” (Lc 1,26-38)

              

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  El día de la Encarnación celebramos y recordamos cómo María, una niña de apenas 12 años de Nazaret, hace posible que Dios pueda intervenir de forma directa en la historia del ser humano. YHWH decide formar parte directamente de nuestra vida, caminar con nosotros, amar con nosotros, sufrir con nosotros y, sobre todo, hacer todo esto por nosotros. Pero el Dios del Mar Rojo, de los grandes prodigios del Antiguo Testamento, el Señor de los Señores que, según la concepción del pueblo judío, castiga a los malos y premia a los buenos, da un giro radical a su propia manera de manifestarse. Desde la eternidad esperó el momento propicio para mostrársenos como Él era realmente, un Padre que ama con corazón de Madre. Pero un Padre amoroso no impone nunca su voluntad, pide “licencia”, autorización. Desde el albor de la humanidad, Él mismo había ido preparando el corazón de María para este momento, pero nunca lo forzó o condicionó, sino que llegado el momento oportuno pidió su autorización para hacer realidad su plan de Salvación. 

Celebramos un sí, el de María, que es mucho más que una simple autorización, es un “Fiat” (hágase) incondicional, sin esperar nada a cambio; un voto de confianza plena en Aquel que le llama y le susurra al oído su voluntad de cambiar el destino del ser humano. María, capaz de concebir a Cristo antes en su corazón que en su seno, sonríe temerosa ante lo que se le pide, pero tras el temor inicial marcado de incertidumbre, viene la confianza plena en Quien le llama y se inclina ante ella para pedirle “permiso”. 

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2014

Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cfr. 2 Cor 8, 9)alt

Queridos hermanos y hermanas:

Con ocasión de la Cuaresma os propongo algunas reflexiones, a fin de que os sirvan para el camino personal y comunitario de conversión. Comienzo recordando las palabras de san Pablo: «Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9). El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de san Pablo? ¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico?

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Mensaje del Papa Francisco para la XLVII jornada mundial de la paz

1 DE ENERO DE 2014

LA FRATERNIDAD, FUNDAMENTO Y CAMINO PARA LA PAZ

 

1. En este mi primer Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, quisiera desear a todos, a las personas y a los pueblos, una vida llena de alegría y de esperanza. El corazón de todo hombre y de toda mujer alberga en su interior el deseo de una vida plena, de la que forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer.

De hecho, la fraternidad es una dimensión esencial del hombre, que es un ser relacional. La viva conciencia de este carácter relacional nos lleva a ver y a tratar a cada persona como una verdadera hermana y un verdadero hermano; sin ella, es imposible la construcción de una sociedad justa, de una paz estable y duradera. Y es necesario recordar que normalmente la fraternidad se empieza a aprender en el seno de la familia, sobre todo gracias a las responsabilidades complementarias de cada uno de sus miembros, en particular del padre y de la madre. La familia es la fuente de toda fraternidad, y por eso es también el fundamento y el camino primordial para la paz, pues, por vocación, debería contagiar al mundo con su amor.

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Cuento de Navidad (Inglés subtitulado)

Click aquí

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Es Navidad

alt      FELIZ NAVIDAD

       La Iglesia en su misión de ir por el mundo llevando la Buena Nueva ha querido dedicar un tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios; a este tiempo lo conocemos como Navidad. Cerca de la antigua fiesta judía de las luces y buscando dar un sentido cristiano a las celebraciones paganas del solsticio de invierno, la Iglesia aprovechó el momento para celebrar la Navidad.

    En este tiempo los cristianos por medio del Adviento se preparan para recibir a Cristo,"luz del mundo" (Jn 8, 12) en sus almas, rectificando sus vidas y renovando el compromiso de seguirlo. Durante el Tiempo de Navidad al igual que en el Triduo Pascual de la semana Santa celebramos la redención del hombre gracias a la presencia y entrega de Dios; pero a diferencia del Triduo Pascual en el que recordamos la pasión y muerte del Salvador, en la Navidad recordamos que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros.

       Así como el sol despeja las tinieblas durante el alba, la presencia de Cristo irrumpe en las tinieblas del pecado, el mundo, el demonio y de la carne para mostrarnos el camino a seguir. Con su luz nos muestra la verdad de nuestra existencia. Cristo mismo es la vida que renueva la naturaleza caída del hombre y de la naturaleza. La Navidad celebra esa presencia renovadora de Cristo que viene a salvar al mundo.

      La Iglesia en su papel de madre y maestra por medio de una serie de fiestas busca concientizar al hombre de este hecho tan importante para la salvación de sus hijos. Por ello, es necesario que todos los feligreses vivamos con recto sentido la riqueza de la vivencia real y profunda de la Navidad.

      Por último, es necesario recordar que durante la Navidad celebramos en tres días consecutivos, 26, 27 y 28 de diciembre, tres fiestas que nos hacen presente la entrega total al Señor :

San Esteban, mártir que representa a aquellos que murieron por Cristo voluntariamente.

San Juan Evangelista, que representa aquellos que estuvieron dispuestos a morir por Cristo pero no los mataron. San Juan fue el único Apóstol que se arriesgó a estar con La Virgen al pie de la cruz.

Los Santos Inocentes que representan a aquellos que murieron por Cristo sin saberlo.

 

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 1, 26- 38

                                         "En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con altun hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: -- Alégrate, llena de gracias, el Señor está contigo. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: -- No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Y María dijo al ángel: -- ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón? El ángel le contestó: -- El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible. María contestó: -- Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y la dejó el ángel".

                En este año, el segundo domingo del tiempo del Adviento, coincide con el día de la Inmaculada Concepción. Una fiesta que nos recuerda, precisamente, uno de los pilares fundamentales del tiempo del Adviento: la confianza.

               En su infinita bondad, Dios no quiso desentenderse de nosotros y, llegado el tiempo, es decir, en el momento en que el Creador consideró que su creatura estaba preparada, decidió enviar a su Hijo; decidió hacerse él mismo carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre para caminar junto a nosotros. Su Amor eterno se materializa en la figura de “uno de los nuestros”; el que vive por siempre decide romper su propia eternidad para hacerse caduco y entrar a formar parte del espacio y el tiempo que él mismo creó para nosotros.

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Comenzando, no empezando

alt“Un sábado entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo:

Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: "Cede el puesto a éste." Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba." Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido”.

Pronto comenzaremos un nuevo curso, un nuevo proyecto lleno de ilusiones, de esperanzas y, porque no decirlo, de proyectos que no son como nosotros esperábamos. Quizás porque la historia de nuestra vida no es tan nuestra como creemos, sino que es Dios quien va por delante marcando el sendero. Nuestra mirada del futuro es un tanto miope, es decir, miramos el futuro con valores de aquí y ahora; Dios conoce perfectamente ese futuro que para él es presente, por eso la mirada de Dios no es como la nuestra y sus planes, muchas veces, no son nuestros planes.

 

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"Ese progresismo adolescente"

PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTAHE

 Ese progresismo adolescente

Martes 12 de junio de 2013

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 24, viernes 14 de junio de 2013

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HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO EN EL DÍA DE PENTECOSTÉS

 

altQueridos hermanos y hermanas:

En este día, contemplamos y revivimos en la liturgia la efusión del Espíritu Santo que Cristo resucitado derramó sobre la Iglesia, un acontecimiento de gracia que ha desbordado el cenáculo de Jerusalén para difundirse por todo el mundo.

Pero, ¿qué sucedió en aquel día tan lejano a nosotros, y sin embargo, tan cercano, que llega adentro de nuestro corazón? San Lucas nos da la respuesta en el texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado (2,1-11). El evangelista nos lleva hasta Jerusalén, al piso superior de la casa donde están reunidos los Apóstoles. El primer elemento que nos llama la atención es el estruendo que de repente vino del cielo, «como de viento que sopla fuertemente», y llenó toda la casa; luego, las «lenguas como llamaradas», que se dividían y se posaban encima de cada uno de los Apóstoles. Estruendo y lenguas de fuego son signos claros y concretos que tocan a los Apóstoles, no sólo exteriormente, sino también en su interior: en su mente y en su corazón. Como consecuencia, «se llenaron todos de Espíritu Santo», que desencadenó su fuerza irresistible, con resultados llamativos: «Empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse». Asistimos, entonces, a una situación totalmente sorprendente: una multitud se congrega y queda admirada porque cada uno oye hablar a los Apóstoles en su propia lengua. Todos experimentan algo nuevo, que nunca había sucedido: «Los oímos hablar en nuestra lengua nativa». ¿Y de qué hablaban? «De las grandezas de Dios».

 

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Resucitando

altLa resurrección no es algo que quede excesivamente lejos de nosotros, ni es algo que tenga que ver sólo con la muerte. Resucitar es descubrir una serie de valores y opciones fundamentales que nos hacen poder proyectar nuestra vida en clave de futuro. Sin duda alguna, Jesucristo resucita de la muerte física para darnos no una vida distinta, sino una vida en auténtica plenitud. Pero existen otro tipo de muertes que necesitan de otro tipo de resurrecciones. La vida  es un compendio de necesidades, aspiraciones, ilusiones, fracasos, éxitos, etc. Y en cada uno de esos acontecimientos muerte y resurrección van unidas. Pensamos que la muerte física es el final de todo, y así lo dice nuestro argot popular: “todo tiene solución menos la muerte”; pero he aquí que un cristiano no puede profesar ese dicho, pues en Jesús la muerte sí ha encontrado una solución: la vida.

 

 

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El misterio de la Cruz

alt       El misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret no es algo ajeno a la vida del ser humano. Podemos caer en el error de mirar la figura de Jesús con un enfoque exclusivamente histórico. Digo que se trata de un error porque si lo hacemos así, nos encontramos ante la figura de un hombre verdaderamente fracasado. Alguien que quiso “revolucionar” su época, pero que el impulso primero acabó en verdadero fracaso. Todos le abandonan, menos su propia madre, todos los que le aplauden descubren en él a un líder que, cuando ya tiene las masas de su lado, las traiciona; las traiciona porque no les da lo que esas masas esperan de él: la liberación de la opresión tirana del pueblo invasor, el pueblo romano; la libertad del yugo esclavo del poder judío que se aprovecha de esa opresión para sacar su propio beneficio.

 

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V Domingo de Cuaresma

alt“En aquel tiempo, Jesús se retiró al Monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los letrados y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y colocándola en medio, le dijeron: -- Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adulteras: tú, ¿qué dices? Le preguntaban esto para comprometerlo, y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: -- El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra. E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos, hasta el último. Y se quedó solo Jesús y la mujer en medio de pie. Jesús se incorporó y le preguntó: -- Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Ninguno te ha condenado? Ella le contestó -- Ninguno, Señor. Jesús dijo: -- Tampoco yo te condeno. Anda y adelante no peques más”.

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Ser transfigurados

 

 

altEVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 9, 28b-36

-Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

La autenticidad de estas palabras sigue siendo válida hoy en día. Descubrir la gloria de Dios en Jesucristo es, sin duda, algo que transforma el corazón y, por ende, la misma vida. Siempre que me acerco a Dios lo hago con la confianza de que junto a Él las cosas son de otra manera distinta. En Él no hay falsedad, ni mentira, ni fingimiento, ni nada parecido a lo que no sea autenticidad. Una de las cosas que más me ha hecho sentirme cerca de Dios siempre, ha sido el saber que Él no me juzga, que ante Él no tengo que disimular nada, ni tan siquiera aparentar lo que no soy o lo que no siento. Cuando el amor se personaliza en la experiencia de la cercanía de Jesucristo, siempre se está feliz, parece como si pensar la vida fuese solo un entretenimiento que no va más allá de la simple preocupación diaria. Podría pensarse que lo más bello es estar contemplando su gloria, y lo es; pero no podemos olvidar que la gloria de Dios conlleva necesariamente su vivencia, es decir, buscar cómo hacerle presente en el aquí y ahora de la realidad que cada uno de nosotros vivimos. 

 

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El educador cristiano: testigo de Jesucristo

Haga click para descargar (PDF)

Ser Educador en Nombre de Cristo by Pedro Martínez González

 

Cuaresma

 

altThe lent (forty days before the holy week) starts with the Ash Wednesday, a special day in which, through some external signs, we start a new time for conversion. The ash reminds us what is left from fire and also the birth of a new man. The death of the old man and the birth of the new man is the slogan for this special time that we start now. This is not a time for sadness or loneliness. This is a time for reflection and for returning to God.

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El tiempo litúrgico que llamamos cuaresma da comienzo con el miércoles de ceniza, un día especial en el que, a través de los signos externos, comenzamos un periodo nuevo de conversión. La ceniza nos recuerda lo que queda tras el fuego y el resurgir de un nuevo hombre. Morir al hombre viejo y nacer al hombre nuevo es el slogan de este tiempo tan especial que ahora comenzamos. No es un tiempo de tristeza ni de soledad, es un tiempo de reflexión y de vuelta a Dios. 

 

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El verdadero San Valentín

 

altSe dice cientos de veces a la ligera que el día de San Valentín es el día de los enamorados. Pero lejos de historias cursis remontémonos al año 270 d.C. y a la situación política de aquella época para entender quién fue nuestro héroe Valentín.

Claudio II "el Gótico", un tirano emperador romano de brutas costumbres, había ordenado a todos los cristianos adorar a doce dioses, y había declarado que asociarse con cristianos era un crimen castigado con la pena de muerte. Pues bien, Claudio mandó prohibir en todo su territorio cualquier manifestación de amor entre dos personas, lo que incluía todo tipo de celebraciones nupciales. ¿Por qué? Claudio sólo quería soldados, guerreros solteros que defendieran con brío y sin sentimentalismos su vasto imperio.

Aquí es donde aparece el creyente y humilde cristiano Valentín, obispo de Interamna Nahartium, muy cerca de Asís, en Italia. Era un médico romano que se hizo sacerdote y casaba soldados: se dedicaba a casar en secreto a parejas que quisieran formar una familia con la gracia del sacramento.

Esto le valió la cárcel bajo el mandato de Aureliano, sucesor de Claudio, donde introdujo en la fe cristiana a la hija ciega del carcelero. Valentín era decapitado un 14 de febrero de 270. Fue enterrado en la que es hoy la Iglesia de Práxedes en Roma como mártir de la persecución cristiana. Su testimonio es hoy luz para el mundo.

 

Del Amor al Perdón

PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 12, 31-13, 13

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Hermanos: Ambicionad los carismas mejores. Y aun os voy a mostrar un camino mejor. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de predicción y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor de nada me sirve. El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume no se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca. ¿El don de predicar?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará. Porque inmaduro es nuestro saber e inmaduro nuestro predicar; pero cuando venga la madurez, lo inmaduro se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo de adivinar; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora inmaduro, entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.

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Las bodas de Caná

altEn todas las culturas el vino es el símbolo de la alegría. No hay fiesta en la que no se precie un poco de buen vino. En la cultura judía ocurría algo parecido, el vino y su calidad decían mucho de los anfitriones y de su disponibilidad para con los invitados. Las bodas judía solían tener una duración de entre tres y cinco días. Que faltase el vino el primer día suponía un verdadero drama, pues acabado el vino la alegría de la fiesta no es la misma. Jesús está presente en aquella boda, como siempre que hay necesidad, él está allí invitado, como uno más junto con María, su madre, y sus discípulos. María está siempre atenta a las necesidades que  pueden surgir a su alrededor y, de pronto, se percata de la escasez que están a punto de sufrir su anfitriones. Como buena madre, no puede quedarse al margen sino que en seguida se pone a buscar una solución para el problema planteado. ¿A quién acudir? A quien sabe que puede aportar una solución, a quien sabe que no le dará la espalda. Jesús parece resistirse al principio “aún no ha llegado mi hora”, pero María sabe mejor aún que él que su hora sí ha llegado ya, que este es el momento de comenzar a responder y ponerse en camino hacia el cumplimiento de su misión. Jesús no puede que decir que no a la insistencia de aquella que tanto ha dado por él y por la humanidad y, sin pensarlo pone a disposición de aquellas personas todos sus dones para manifestar la presencia de Dios. No se trata de un milagro sin más, se trata de un comienzo a una aventura que acabará en resurrección. No es un truco de magia, es ponerse a disposición de las necesidades de los demás para poder así, mostrar que Dios desea estar con los que le necesitan. Pero Jesús no se conforma con darles de nuevo un vino más, el vino que ahora les ofrece es nuevo, su sabor es distinto y perfecto. Es el vino que mana de la vid de la vida eterna. El agua convertida en vino es nuestra humanidad transformada por la fuerza liberadora de Cristo Jesús, por el derramamiento de su propia sangre.

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El Bautismo de Jesús

altEVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 3, 15-16.21-22

“En aquel tiempo el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías: él tomó la palabra y dijo a todos:

-- Yo os bautizo con agua, pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

En un bautismo general Jesús también se bautizó. Y mientras oraba, se abrió el cielo, bajo el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:

--Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”

“Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él (cf. Jn 17, 22)” (Porta Fidei – Benedicto XVI).

En Israel, el bautismo significaba el comienzo de una vida nueva, el perdón de los pecados. La persona quedaba “purificada”, libre de las deudas contraídas con Yahvé. La concepción israelita de Dios es así: un Dios al cual se le debe, un Señor ante el cual rendir cuentas sobre el cumplimiento de las normas instauradas (muchas veces por los hombres y no por Dios). Jesús no quiere eliminar este gesto tan antiguo, pero si transformar su significado y, sobre todo, dar a conocer cuál es el verdadero Dios, su verdadero rostro. Por ello elige el bautismo de Juan para hacer presente la nueva realidad de Dios para con los hombres. Resulta curioso ver cómo Juan, el bautista, la primera vez que aparece en el Evangelio lo hace como “voz que clama en el desierto” y, la segunda ocasión lo hace rodeado de agua, como “el bautista”. Desierto y agua son dos realidades que, a simple vista, pueden parecer contradictorias y, ciertamente, lo son.

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La Epifanía del Señor

 

alt“Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor (…) y caminarán los pueblos a tu luz” (Isaías 60, 1-6).

            En este domingo de la Epifanía del Señor, el profeta Isaías nos presenta una visión de la sociedad de su época que bien podría aplicarse a nuestros días. Se enfrenta el profeta a un contexto social donde todo parece llegar a su fin. El pueblo de Israel ha perdido de vista aquello que le constituye en lo que es: la presencia y la guía de Yahvé. La corrupción social de su época no lo es sólo en sentido económico, sino también en el más profundo sentido moral. Los reyes y los dirigentes del pueblo sólo piensan en sus propios intereses y ven en el pueblo que les ha sido encomendado un hacedor de sus caprichos y el que hace posible que su egoísmo se materialice. Esos dirigentes ya no ven en Dios quien guía su conducta y marca el camino de su actuar; lejos de ello han hecho de Yahvé la escusa para doblegar y sangrar, cada vez más, a un pueblo que sufre en la pobreza tanto material como espiritual a la que le conducen. La corrupción no es nueva, la inmoralidad no es un invento de los tiempos modernos; el egoísmo del pecado original está presente en el ser humano desde su misma aparición sobre la faz de la tierra.

 

 

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Sagrada Familia de Nazaret

 

alt    EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 2, 41- 52

      “Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre, y cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y los conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que le oían, quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:

-- Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Él les contestó:

-- ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres”.

   “Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7, 9; 13, 8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban” (Benedicto XVI – Porta Fidei).

 

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ES NAVIDAD

 

“La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. En él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación”(Benedicto XVI – Porta Fidei).

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La Encarnación de Dios es un acontecimiento que trasciende la historia y posibilita la Salvación del ser humano. Dios no se muestra indiferente ante el sufrimiento y la esclavitud del hombre, sino que lo asume en su propia persona y decide redimirlo. ¿Por qué? Por puro Amor. La Historia de la Salvación nos muestra cómo el Padre, en diversos momentos y de diversas formas, toma partido por aquellos que están siendo oprimidos tanto por causas externas como internas. Lo externo es todo aquello que presiona la libertad del ser humano y mina su dignidad de “creatura”; lo interno hace referencia al pecado, entendido como el triunfo del mal frente al bien. En Cristo la lucha entre el bien y el mal comienza de nuevo, pero con una gran diferencia: el ser humano no está solo, es la presencia liberadora de Cristo quien le acompaña y le da la fuerza necesaria para poder vencer al mal. 

 

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IV Domingo de Adviento

 

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“En aquellos días, María se puso de camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel escuchó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo voz en grito:

¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”.

 

                La aptitud que María nos muestra es el modelo de la vida cristiana, y no sólo de la vida cristiana, sino de cualquier persona que desee vivir de verdad cada segundo de su existencia. 

 

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Es tiempo de Adviento...

 

altEl tiempo de Adviento son las cuatro semanas que preceden y preparan la celebración de la Navidad. Se trata de un tiempo realmente privilegiado para revisar nuestra vida cristiana y preparar también una venida constante, de cada día. Porque, ahora, hoy, en cada momento, Jesús viene y sigue haciéndose presente en la historia real de cada persona. San Carlos Borromeo, en sus cartas pastorales, lo define así:

 “Ha llegado aquel tiempo tan importante y solemne, que, como dice el Espíritu Santo, es tiempo favorable, día de la salvación, de la paz y de la reconciliación; (…) La Iglesia celebra cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros, exhortándonos a tenerlo siempre presente (…) desea vivamente hacernos comprender que así como Cristo vino una vez al mundo en la carne, de la misma manera está dispuesto a volver en cualquier momento, para habitar espiritualmente en nuestra alma con la abundancia de sus gracias, si nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo”.

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