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Hoy: 23 Nov 2017
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Cuaresma

 

altThe lent (forty days before the holy week) starts with the Ash Wednesday, a special day in which, through some external signs, we start a new time for conversion. The ash reminds us what is left from fire and also the birth of a new man. The death of the old man and the birth of the new man is the slogan for this special time that we start now. This is not a time for sadness or loneliness. This is a time for reflection and for returning to God.

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El tiempo litúrgico que llamamos cuaresma da comienzo con el miércoles de ceniza, un día especial en el que, a través de los signos externos, comenzamos un periodo nuevo de conversión. La ceniza nos recuerda lo que queda tras el fuego y el resurgir de un nuevo hombre. Morir al hombre viejo y nacer al hombre nuevo es el slogan de este tiempo tan especial que ahora comenzamos. No es un tiempo de tristeza ni de soledad, es un tiempo de reflexión y de vuelta a Dios. 

 

Poner la ceniza sobre nuestras cabezas responde al signo de recordarnos nuestra realidad: polvo eres y en polvo te convertirás; pero no como algo amenazante sino como la necesidad de la conversión: conviértete y cree en el Evangelio.

Cuando hablamos de cuaresma, no estamos solo hablando de un tiempo meramente litúrgico, la cuaresma es mucho más, es un tiempo de absoluta gracia y de absoluta verdad. Es el momento de poder sentir cómo la maravilla de Dios no está encerrada entre los muros de ningún palacio ni de ninguna iglesia, allí está Dios, pero Dios trasciende lo meramente materia; esa maravilla de la grandeza de Dios está en la posibilidad de la conversión continua de cada uno. Cuaresma es Gracia, es decir, tiempo de sentir el poder renovador de Cristo, de poder vivir junto a él la metanoia, el cambio de vida interior. Pero sentir ese poder renovador de Cristo no es algo que se compre o que se pueda hacer sin más. Implica necesariamente el ser serios, el poder ponerse en la presencia de los demás sintiendo que siempre son el fruto de mi aprendizaje y la posibilidad de mi amor. Quien vive la cuaresma desde el absurdo de la penitencia sin sentido, olvida que el sacrificio pedido por Dios es un corazón sincero: un corazón que sea capaz de amar, un corazón con capacidad de perdonar, un corazón que no juzgue, un corazón que sienta que cada día queda algo por hacer. La cruz es el centro de la cuaresma, pero no la malinterpretemos: la cruz es signo de salvación, no de sufrimiento. Aún me chirria en los oídos esa frase de "más sufrió Cristo en la Cruz..."; ya lo sé, pero sí lo hizo fue precisamente para evitar nuestro sufrimiento, no para prolongar la cruz hasta la eternidad de la humanidad. La cruz es signo de salvación, no de dolor. Por eso, nunca entenderé a aquellos que disfrutan infringiendo cruces a los demás o a sí mismos y, encima, se atreven a decir que es lo que quiere Dios; creo que su Dios y el mío no son el mismo.

Los tres pilares de la Cuaresma:

Ayuno: es bueno sentir alguna vez por un momento el hambre material que otros sienten todos los momentos de su vida, pero no es suficiente. Quizás sea mucho más importante ayunar de hipocresía que de alimentos. El ayuno voluntario es positivo, pero seamos realistas: solo me sirve a mí de forma individual. Es necesario buscar el ayuno que me es útil a mí y que repercute en los demás, es decir, ayunar de aquellas cosas que producen infelicidad en los demás. No seamos tan falsos como los políticos, que se reúnen en un almuerzo que cuesta más de 300.000 euros para dialogar sobre las fórmulas de evitar el hambre en el mundo. Madre Teresa de Calcuta aceptó acudir a recibir el nobel de la paz con una condición: que no se celebrase la tradicional cena de gala y que lo que se debía de invertir en ella fuese destinado a los pobres.

Limosna: que triste es quedarse tranquilo por unas monedillas o incluso por unos billetes en una bandeja. La limosna empieza por la propia persona, por hacer limosna tu propia vida, no por dar sino por darse. ¿Cómo puedes practicar la limosna si no te preocupas por quien tienes a tu lado? No convirtamos el mensaje de Jesucristo en un mensaje de ayuda económica. Ser pobre no es no tener nada, es que el corazón esté vacío aunque los bolsillos estén llenos. La crisis económica no lo es sólo económica, es decir, no es en sí misma, sino que es el resultado de la victoria del egoísmo de unos frente a otros. ¿Cómo pueden "algunos" hablar de las virtudes de la pobreza cuando la riqueza es su sello característico?

Oración: que importante que es, y que mal la entendemos. Oración es que mi vida sea contemplación del misterio de Cristo salvador, no es repetir jaculatorias sin parar. La oración no se hace en un momento determinado, es más, cuando se siente como obligatoria, no vale para nada porque no es el fruto de un corazón agradecido sino de un corazón obligado. La oración pasa por la acción ¿qué hacéis ahí mirando al cielo?, dice Jesús a los discípulos. "Remad mar adentro", les dice en otro momento: no os quedéis en lo verbal, pasad a la acción.

Sin duda alguna, los ejemplos de los grandes santos a lo largo de la historia puede parecer que han entendido estos tres pilares de otra forma. Pero yo creo que no, porque el fruto de sus cuaresmas ha sido el amor vivido y actuado. Hace 500 años cocinábamos con hogueras, hoy lo hacemos con vitrocerámica, ¿se puede seguir cocinando con hoguera?, sin duda alguna sí, pero quizás no sea muy práctico. Contemplar el camino de la cruz (vía crucis), no es para llorar a cada paso, sino para vernos reflejados y sentir que si Él lo hizo por nosotros, nosotros somos los responsables de que nadie más lo haga. Incidir en las lamentaciones absurdas o los pietismos popularistas, de poco sirve para resucitar. Porque no podemos olvidar que el objetivo último de la cuaresma es la Resurrección, ¿Por qué nos seguimos empeñando en quedarnos en la tarde del viernes santo de nuestra vida? La fe es hermosa si se vive con libertad y con plenitud. Cuando se vive con hipocresía y con falsedad, no solamente es absurda, sino que se convierte en camino que nos aleja del Cristo victorioso.

La fe es Esperanza, Alegría, Plenitud y Renovación constante. Vivir a Cristo en este año de la fe desde la cuaresma es vivirlo con la auténtica Esperanza, la verdadera Alegría, la Necesaria Plenitud y la búsqueda constante de Renovación. Es tiempo de Gracia, es tiempo de mirar al cielo para contemplar la tierra como posibilidad de la acción de Cristo a través de nuestras manos. Así lo dice san Pablo en la segunda lectura que escuchamos el miércoles de ceniza: Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios. Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación”.